El avance de los nuevos procesos de panificación, los cambios
significativos de la calidad de la harina, sobre todo en lo
referido a la actividad enzimática, la implantación del pan
precocido, y el uso generalizado en la panadería artesa de
técnicas de frío como las masas refrigeradas, la fermentación
controlada y las masas de bollería congeladas, han hecho que los
mejorantes comerciales hayan cambiado en su composición,
dosificación y actividad.
El ácido ascórbico está siendo remplazado parcialmente por la
enzima glucosa-oxidasa. Los emulsionantes por lipasas. Y las
enzimas alfa-amilasas tradicionales son cada vez más variadas y
sofisticadas.
En este artículo vamos a recordar la acción de los principios
activos presentes en los mejorantes comerciales que utiliza el
panadero, para así comprender y poder aplicarlos en función a la
harina, procedimiento o sistema de panificación.
AGENTES OXIDANTES
• El ácido ascórbico (E-300), conocido también como
vitamina C, es ampliamente utilizado como antioxidante
alimentario, pero añadido a la harina durante el amasado y
gracias a la transformación que sufre en la masa, hace un efecto
contrario, es decir, fuerte oxidante. Por lo tanto, va a jugar
un papel importante no solamente durante el amasado y en la
consistencia de la masa, además de en el equilibrio, durante la
fermentación y en el impulso de los panes en los primeros
minutos de cocción, como consecuencia de ese efecto que
inicialmente es oxidante y más tarde reductor.
La acción oxidante favorece la unión entre las cadenas de las
proteínas, que por acción de la energía mecánica de la
amasadora, proporciona a la masa durante el amasado la formación
del gluten. Parte del dehidroascórbico, una vez agotado el
oxígeno presente en la masa, parece que se reduce a ascórbico,
lo que provoca un leve debilitamiento del gluten al final de la
fermentación, facilitando una mayor expansión en el horno, lo
que es conocido como acción reductora.
Las distintas reglamentaciones técnico-sanitarias europeas de
aplicación en panadería establecen una dosificación máxima
límite de 20 g por cada 100 kg de harina. La dosis óptima estará
en función del tipo de pan a elaborar, del grado de
mecanización, de la calidad de la harina y del tipo de amasadora
y, en los últimos años, de la incorporación a los mejorantes
panarios de nuevas enzimas como la glucosa-oxidasa, la cual
reemplaza parcialmente al ácido ascórbico.
Más adelante, en el apartado de las enzimas, nos ocuparemos
de explicar la evolución de los mejorantes tradicionales, del
avance de las enzimas y del retroceso de algunos de los
principios activos tradicionales, como por ejemplo el ácido
ascórbico.
Las dosis aportadas por los mejorantes comerciales suelen
oscilar entre 3 y 15 g por cada 100 kg de harina. La dosis más
alta debe utilizarse en panes de masa dura (panes candeales), en
las amasadoras de alta velocidad y en las amasadoras espirales,
mientras que la dosis más baja debe utilizarse para la
elaboración de barras de gran longitud formadas y entabladas
automáticamente, en harinas tenaces, en amasadoras lentas y en
amasadoras de brazos. También en las masas sometidas a
fermentación controlada o larga fermentación en la que se aplica
frío la dosis ha de ser mayor, ya que este tipo de masas se
relejan y pierden fuerza.
La adición de ácido ascórbico se refleja en el alveograma
mediante un aumento de la tenacidad (P), un aumento de la fuerza
(W) y una reducción de la extensibilidad (L), lo que supone
además un aumento del equilibrio (P/L).
En muchas ocasiones la harina puede llegar del molino ya
acondicionada con ácido ascórbico, lo que puede provocar que la
dosis aportada por el panadero, más la que ya trae del molino,
provoque exceso de fuerza, tenacidad y problemas de mecanización
y en ciertas ocasiones grandes huecos en la miga.
Efecto en la harina
Sobre la masa se observa, como hemos dicho, un aumento de la
tenacidad. La dosis se ajustará de modo que no resulte excesiva
para las elaboraciones deseadas. En el caso de piezas pequeñas
no será inconveniente un ligero exceso, mientras que en piezas
de gran longitud deberá procurarse no superar los mínimos
necesarios, para evitar problemas durante el formado y
principalmente en el estirado. De igual forma deberán respetarse
estos mínimos necesarios para las piezas de gran longitud cuando
se quiera limitar la expansión del pan en el horno, como ocurre
con el pan precocido.
Para los procesos en los que se produce debilitamiento del
gluten es recomendable la utilización de dosis altas; éste es el
caso de la fermentación controlada, así como de los procesos que
superan las tres horas de fermentación.
Una oxigenación de las masas aumenta la eficacia de acción
del ácido ascórbico, por lo que la dosis necesaria dependerá del
tipo de amasadora. Así, en el amasado tradicional con amasadora
de brazos, la aireación de la masa es buena, por lo que se
obtienen mejores resultados, a misma dosis, que en los amasados
más intensivos. En amasadoras espirales y de alta velocidad,
donde la aireación de la masa es menor que en la de brazos, para
obtener los mismos resultados se necesitarán dosis de ácido
ascórbico más altas.
La panificación industrial ha eliminado la fermentación en
bloque o fermentación en masa gracias a la utilización de ácido
ascórbico, al favorecer éste el buen desarrollo de la masa. Sin
embargo, si bien ha favorecido la reducción del tiempo de reposo
y de fermentación, ha tenido como consecuencia un
empobrecimiento en el sabor del pan.
La acción del ácido ascórbico
Como ya hemos comentado, el ácido ascórbico va siendo
reemplazado por la glucosa-oxidasa, lo que en combinación
permite un reforzamiento de la tenacidad y de la elasticidad del
gluten, traduciéndose en los efectos siguientes:
• Fortalece al gluten.
• Aumenta la absorción.
• Permite reducir el reposo.
• Aumenta la tenacidad y la elasticidad.
• Mejora el volumen y sus características.
• Mejora la tolerancia de la masa a los impactos mecánicos
durante el proceso.
• Blanquea la masa.
• Color de la corteza más claro y brillante.
• Miga más blanca y de alveolado uniforme.
• Sabor más pobre.
EMULGENTES
Algunos tipos de panes, y en general, todos los productos de
bollería, han de mantenerse frescos varios días, incluso varias
semanas. Para conseguirlo, requieren de un tratamiento
diferente, no solamente con la incorporación de mejorantes
especiales y cambios en el proceso de fabricación, sino también
con empaquetados especiales. Con el paso del tiempo, tanto el
pan como la bollería experimentan cambios físico-químicos que
modifican su aspecto y calidad. En estos cambios influyen la
composición de los ingredientes, la cantidad de agua incorporada
en la masa, las características de la harina, el tiempo y
volumen de cocción, la humedad final del pan, su acidez, la
temperatura ambiente, etc.
Se dice que un pan es viejo cuando ha perdido su frescura o
ha dejado de ser crujiente. El pan envejecido se presenta de dos
formas: seco, cuando ha perdido la humedad y revenido cuando la
corteza ha adquirido un grado de humedad suficiente que le ha
hecho perder sus características de pan tierno y crujiente.
Un pan fresco puede describirse como aquel que tiene una miga
suave, elástica y flexible, además de una corteza crujiente,
mientras que, un pan viejo tiene un migajón más duro, menos
elástico y flexible, con tendencia a endurecerse, desmigajarse y
perder sabor.
Son múltiples los factores que conllevan a una pérdida de
humedad, evaporación del agua y cambios en el almidón.
La harina es el mayor responsable en el asentamiento del pan;
las harinas ricas en proteínas tienen mayor capacidad de
absorción de agua, lo que va a influir en la humedad del pan.
Cuando el volumen en la fermentación es exagerado el
contenido en azúcares será escaso; lo que provocará una miga con
menor densidad y menor capacidad de retención de agua.
Con masas que han sido elaboradas únicamente con levadura y
sin masa madre se obtiene un pan que se endurece más rápidamente
que cuando a una masa se le incorpora una buena porción de masa
madre, ya que ésta aportará no sólo sabor y conservación al
producto, sino también una mayor tolerancia a las masas.
La temperatura y el tiempo de cocción son responsables en
gran medida de la desecación y, por consiguiente, del
asentamiento del pan. La temperatura y la humedad ambiental
también van a jugar un papel fundamental y decisorio en la
conservación.
Cuando un pan tipo francés o de corteza crujiente sale del
horno y a medida que pasa el tiempo, el resudado y la
transmigración de la miga de la miga hacia la corteza provoca en
el pan el problema del “revenido” o pan de aspecto chicloso.
Las harinas de elevada actividad enzimática, es decir,
aquellas harinas cuyo número de caída es inferior a 250
segundos, van a provocar una mayor retención de agua en la miga.
Por otro lado, si la harina es demasiado fuerte y tiene mucho
gluten, la absorción de agua durante el amasado es mayor,
provocando panes de corteza chiclosa.
Las masas madres demasiado ácidas, los panes con poco volumen
de fermentación, el tiempo incorrecto de cocción, el envasar o
amontonar el pan caliente, los días de lluvia o con mucha
humedad ambiental, serán también factores determinantes en el
problema del revenido del pan.
En la panadería y pastelería los emulsionantes tienen varios
efectos:
• Suavizan la miga.
• Fortalecen y refuerzan el gluten.
• Airean los batidos de pastelería.
Los emulsionantes permiten que la miga sea más blanda, tierna
y suave durante más tiempo y se emplean fundamentalmente en los
productos de larga conservación como el pan de molde, pan de
hamburguesa y bollería industrial de larga conservación.
En la composición de la masa el almidón es el componente
mayoritario y casi igualado con la cantidad de agua, lo que le
convierte, una vez cocido el pan, en el componente mayoritario.
El almidón durante las fases de amasado, fermentación y sobre
todo durante la cocción, absorbe una gran cantidad de agua, lo
que provoca un gran hinchamiento del gránulo de almidón, lo que
facilitará que el pan se pueda comer con facilidad.
La evolución en la consistencia de la corteza y en la
frescura de la miga se debe principalmente a los cambios con el
agua y a la retrogradación del almidón.
El almidón de trigo está compuesto por amilosa y por
amilopectina, siendo cuatro veces mayor el contenido de
amilopectina. Durante la etapa de cocción parte de la amilosa
escapa de los gránulos de almidón, se disuelve en el agua y
forma un gel bastante firme entre los gránulos de almidón
hinchado el pan recién cocido. Con el tiempo esta amilosa
recristaliza a su forma original insoluble, se vuelve dura y
quebradiza y reduce la esponjosidad de la miga.
Por lo tanto, la retrogradación es el principal factor que
influye en los cambios de la consistencia de la miga con el paso
del tiempo. Al añadir emulgente suavizante el comportamiento del
almidón durante la cocción es diferente. Cuando la temperatura
llega a 55º C entran dichos aditivos en una forma cristalina
líquida reaccionando con la amilosa, formando un complejo
helicoidal insoluble. Esta reacción eleva la temperatura de
gelatinización de los gránulos de almidón, reduciéndose así la
totalidad de almidón gelatinizado, esto significa que el gel del
almidón tiene menos amilosa y por ello la miga se mantiene más
blanda y esponjosa.
Luego entonces, está demostrado que los emulgentes disminuyen
la retrogradación de parte del almidón y reducen la pérdida de
agua de la proteína, retrasando así la formación de una
estructura rígida de la misma, lo que proporciona una miga más
blanca y esponjosa durante un período más largo de tiempo.
Los emulsionantes, debido a la estructura particular de sus
moléculas, compuestas de una parte hidrófila y otra lipófila,
forman una película resistente en la superficie de las gotitas
dispersas, evitando su combinación; de esta forma los
emulsionantes sirven de unión entre las dos fases de la
emulsión.
Como ya hemos comentado, los diferentes emulsionantes
autorizados en la fabricación del pan, de modo simplificado y
para caracterizar el comportamiento de cada uno de ellos, suelen
diferenciarse en dos grandes categorías: acondicionadores de
masa y ablandadores de la miga.
Como veremos más adelante, los acondicionadores se utilizan
para reforzar la masa, haciéndola más tolerante a todos los
esfuerzos y tensiones a la que va a ser sometida por las
máquinas, transporte durante la fermentación, etc., hasta su
llegada al horno y, como no, para asegurar más volumen por medio
de la expansión del pan en los primeros minutos de cocción,
debido esto último a la mejora de la masa por el reforzamiento y
el aumento de la extensibilidad del gluten.
Los ablandadores de miga son utilizados sobre todo en los
panes de molde y, en general, en los panes y la bollería de
corteza suave y de larga conservación, si bien pudiera resultar
interesante la aplicación de estos ablandadores en los panes
precocidos de larga duración sin conservación (sin congelación).
• E-482 Estearil-2-lactilato cálcico (SSL)
• E-481 Estearil-2-lactilato sódico (CSL).
Estos emulsionantes son los más indicados en la fabricación del
pan de molde, pan de hamburguesa, panes suaves y bollería
industrial de larga conservación en combinación con otros
emulsionantes como el Monoglicérido Destilado o el DATEM, que
proporcionan fuerza, tolerancia, volumen, flexibilidad y
esponjamiento en la miga y suavidad en la corteza; en resumen,
aumento de vida en los panes y la bollería.
Los emulsionantes denominados reforzadores del gluten, E-471
y E-472 e), actúan sobre el gluten que se encuentra del orden
del 6 al 8% en la masa, aumentando la fuerza de la misma, lo que
conlleva no solamente facilitar la mecanización, laminado y
enrollado, sino también el aumento de tolerancia, volumen y
desarrollo en el horno.
Por último, los emulsionantes del tercer grupo son los
llamados emulsionantes de pastelería que sirven para batir
–baten o airean los batidos–. Durante el batido y bajo presencia
del E-471 se forman más bolsas de aire, esta acción es conocida
bajo el término de cremado, cuanto mayor es el número de
celdillas de aire mayor será el volumen del pastel, magdalenas,
bizcocho, etc. Esto es posible porque al agregar el emulsionante
se acelera la dispersión de las fases del agua y del aceite
durante la mezcla, permitiendo que el cremado sea más eficiente.
Esto a su vez facilitará la conservación del pastel, bizcocho,
etc., ya que ayudará a que se mantenga tierno durante más
tiempo.
• Monoglicérido Destilado E-471. Es el emulsionante
más utilizado por su eficacia en retardar el enranciamiento de
las grasas de aquellos productos que incorporan en su
composición manteca, margarina, mantequilla o aceite, siendo
también utilizado para airear los batidos.
Se fabrica de varias formas variando el proceso,
presentándose en forma líquida, hidratada, en forma de pasta o
manteca y en polvo.
Reduce la extensión interfacial dando como resultado una
óptima dispersión de grasa/aceite en agua. Su aplicación en las
masas batidas y fermentadas dan lugar a una mejora sustancial de
los procesos, mejorando la calidad y estabilidad del producto
acabado.
Actúa sobre el complejo almidón-gluten, reduce la
retrogradación de las masas dando como resultado una miga blanda
y prolongando su período de conservación.
Se utiliza en los batidos de masas (magdalenas, bizcochos,
plum-cakes), en los mejorantes completos para pan de molde y
bollería y en los mejorantes completos de panes precocidos.
Monoglicérido destilado E-471 es el emulsionante más
utilizado en pastelería por su eficacia no sólo al retardar el
enranciamiento de las grasas, sino también como ingrediente en
la fabricación de margarinas.
Se fabrica de varias formas, variando el proceso se puede
presentar en forma de grasa, líquido y en polvo.
Su facilidad de dispersar las grasas/aceite con el agua hace
que se utilice en la fabricación de mantecas y margarinas, así
como en las masas batidas y fermentadas. En las masas
fermentadas es el emulsionante específico para panes de gran
volumen y corteza suave y es también el que se utiliza en
mejorantes específicos para panes precocidos, bollería y panes
de corteza suave.
• El Monoglicérido esterilizado con ácido diacetil
tartárico E-472 e) DATEM es el más utilizado para conseguir
más volumen y corteza crujiente. A eso se debe que este
emulsionante esté presente en todos los mejorantes de
panificación, cuando se quiere fabricar panes de gran volumen y
corteza crujiente, así como en todos los panes tipo francés y
barra de pan común. Sin embargo, no es el más recomendado en los
panes precocidos, ya que el volumen y crujiente de la corteza
puede provocar descascarillamiento en la misma en la fase de
mantenimiento del pan precocido en congelación.
• La lecitina de soja E-322 fue el primer emulsionante
que se utilizó en la panadería y en algunos países actualmente
se utiliza con frecuencia.
Se obtiene a partir del refinado del aceite de soja y se
comercializa en forma de líquido fluido de aspecto pastoso y de
color oscuro, también se presenta en polvo, de aspecto grasiento
y color amarillento. Está indicado en los panes artesanos,
hogazas de poco volumen, en los procesos lentos y artesanos.
También en los mejorantes especificados para los panes
precocidos mezclado con E-471 la lecitina da menor volumen que
otros emulsionantes.
HIDROCOLOIDES (GOMAS)
En los últimos años, al incrementarse el consumo de pan
precocido los mejorantes completos específicos para ellos han
sido los que más han evolucionado.
Esta evolución surge como consecuencia de dar respuesta a
ciertos problemas que se producen con bastante frecuencia en el
pan precocido: arrugamiento de los panes y descascarillado de la
corteza. Por otro lado, la aparición también creciente de una
nueva técnica en la fabricación de la bollería “fermentada
congelada” que precisa de soluciones para resolver el problema
del arrugamiento de la pieza una vez fermentada y congelada, han
llevado al uso de los hidrocoloides en la panadería.
Estos productos, que si bien están autorizados en panadería y
pastelería, se han utilizado siempre, principalmente, en la
fabricación de gelatinas, cremas pasteleras y rellenos en
general, como espesantes.
Estos hidrocoloides, conocidos vulgarmente como espesantes,
han dado buenos resultados en combinación con los mejorantes
tradicionales de panadería. El efecto que producen es el aumento
ligeramente de la W y exageradamente del P/L, el aumento de
absorción de la masa y sobre todo la tolerancia durante la
fermentación.
Los hidrocoloides también permiten, principalmente durante la
etapa de inicio de la cocción, que la gelitinización y la
formación de la miga se formen a más baja temperatura. Hay que
recordar que en los panes precocidos las temperaturas de
horneado son ligeramente más bajas que en los procesos
tradicionales y ello provoca que a veces la miga no esté bien
formada. También refuerzan la fijación de la corteza y la miga
para evitar en parte el descascarillado en los panes precocidos
congelados.
En la bollería “fermentada congelada” con la presencia de
gomas aumenta sobre todo esa tolerancia capaz de soportar una
congelación de masas casi totalmente fermentadas.
Hidrocoloides específicos en panificación y bollería
Son bastantes los hidrocoloides que se pueden utilizar pero
los más específicos y eficaces en panadería y bollería son los
siguientes:
• E-412-Goma Guar. Se obtiene a partir de un vegetal
originario de la India (Cyamopsis tetragonolobun) se utiliza en
aditivos alimentarios y sobre todo como espesante.
• E-414 Goma Arábica. La goma arábica se extrae del
exudado del árbol Acacia senegalia. Es el más soluble en agua de
todas las gomas utilizadas en la fabricación de mazapanes,
salsas, sopas deshidratadas, etc.
• E-415 Goma Xantano. Es la goma más reciente y se
fabrica del azúcar procedente del almidón de maíz. Es soluble en
agua fría y caliente y aguanta muy bien la congelación y
descongelación.
Dosis normales de uso de los hidrocoloides
• En bollería fermentada y congelada, entre 4 y 8 gramos/kilo
de harina.
• En panes precocidos entre 1 y 2 gramos/kilo de harina.
ENZIMAS
En los últimos años las enzimas han tenido un avance
significativo en la industria panadera ya que se han ido
limitando en los mejorantes comerciales los principios activos
tradicionales como el ácido ascórbico y los emulsionantes por
diferentes enzimas que pueden actuar casi de la misma forma que
estos.
La cantidad de enzimas naturales que tiene la harina depende
en gran medida de las condiciones climatológicas durante el
crecimiento del cereal. También las lluvias y la humedad cuando
el grano está a punto de recolectarse conducen a la germinación,
afectando negativamente a la calidad panadera de la harina.
En España normalmente los trigos tienen poca humedad y en
condiciones normales tienen pocas enzimas. Pero cada vez se
siembra menos trigo en nuestro país y se importan de fuera
trigos que son más enzimáticos que los nuestros, este hecho ha
propiciado que el panadero haya tenido que cambiar el sistema de
cocción bajando la temperatura y aumentado el tiempo de horneado
para evitar los panes chiclosos.
Las variaciones en la calidad enzimática de la harina
repercuten en la calidad y regularidad del pan, esto hace que el
panadero deba reconocer aquellos mejorantes panarios que
contienen más o menos enzimas y de diferente calidad para variar
en función de la harina. Del mismo modo cuando se utilizan masas
en fermentación controlada los mejorantes han de ser
específicos, con diferente formulación no solo en el contenido
de enzimas sino también en ácido ascórbico y emulsionantes.
Su importancia
La capacidad de producción de gas es uno de los parámetros
importantes para controlar la calidad de la harina. De ello
depende por un lado la cantidad de azúcares presentes en la
harina y por otro el contenido enzimático de la misma.
En el momento en que se añade el agua en la amasadora
comienza lo que denominamos actividad enzimática de la harina,
que consiste en la disgregación de parte del almidón en
azúcares. La cantidad de dichas enzimas, así como su procedencia
serán factores importantes en la fermentación, en el impulso del
pan en el horno, en el color de la corteza y en la conservación
del pan.
Tipos de enzimas utilizadas en panadería
• Amilasas. El almidón se compone de dos tipos de
moléculas de estructura diferente: la amilosa, que está formada
por unidades de glucosa que forman cadenas lineales, y la
amilopectina, cuyas cadenas de unidades de glucosa están
ramificadas. La producción de azúcares fermentables para la
levadura se realiza mediante la rotura de estas cadenas de
moléculas de glucosa por acción de las amilasas, lo que se
denomina hidrólisis enzimático. La eficacia de este proceso
depende de la temperatura y del grado de hidratación del
almidón, su máximo se alcanza cuando se gelifica el almidón, en
los inicios de la cocción.
Las amilasas presentes en la harina al inicio del amasado
comienzan su actividad en el momento en que se añade el agua. El
almidón roto durante la molturación del grano de trigo es más
rápidamente hidratado, y por tanto, más fácilmente atacable por
las enzimas, éstas actúan en acción combinada: la a-amilasa va
cortando las cadenas lineales en fracciones de menor longitud,
llamadas dextrinas, mientras que la b-amilasa va cortando las
cadenas en moléculas de maltosa, formada por dos unidades de
glucosa. El contenido en dextrinas es importante en la capacidad
de retención de agua y en la consistencia de la masa; si la
harina procede de trigo germinado se produce una excesiva
dextrinación y las masas resultan blandas y pegajosas.
Como el contenido en b-amilasa del trigo es generalmente
suficiente para la actividad requerida en la fermentación, sólo
se controla el contenido de a-amilasa de las harinas antes de su
utilización.
Durante la fermentación continúa la acción de las amilasas,
es por esa razón por lo que en fermentaciones muy largas la
reacción y actividad de la enzima será mayor que en
fermentaciones más cortas. En el momento de introducir el pan en
el horno aumenta la actividad hasta el momento en que la
temperatura interna de la masa alcanza los límites térmicos de
inactivación.
Dependiendo del tamaño de los panes, así como de la
temperatura del horno, después de unos 10 minutos
aproximadamente, las enzimas de la levadura se desactivan y la
célula muere. A medida que aumenta la temperatura de la masa en
el horno (65º C), comienza a producirse la miga del pan, con lo
cual, el almidón se hincha y forma un gel más o menos rígido, en
función de la cantidad de a-amilasas presentes, y de su origen.
De estos dos factores dependerá el tiempo durante el cual se
siga produciendo dextrinización en la masa, en la miga en
formación. No obstante, una acción excesivamente prolongada
aumenta el volumen del pan con riesgo de derrumbamiento de su
estructura, dando como resultado una miga pegajosa, por el
contrario, una rápida estabilización de la miga dará un volumen
escaso.
Cuando el contenido de amilasas, especialmente de a--amilasas
es correcto, se obtiene una influencia positiva no solamente en
el volumen del pan, sino también en su conservación,
produciéndose un efecto de ralentización de la retrogradación
del almidón.
Las a--amilasas pueden obtenerse a partir de hongos o de
bacterias. Se producen por fermentación de una cepa del hongo
Aspergillus níger, y es la más utilizada en la fabricación del
pan, como alternativa a la harina de malta. Ello es debido al
hecho, entre otros, de que la a--amilasa fúngica tiene una mayor
tolerancia a la sobre dosificación que la de origen cereal, lo
que se basa en su desactivación durante la primera fase de la
cocción (60-65º C), por lo que no existe el riesgo de que se
produzca exceso de dextrinas, lo que provocaría migas pegajosas.
• Pentosanasas. Estas enzimas actúan sobre las
pentosanas que son unos polisacáridos distintos al almidón. Esta
reacción de hidrólisis aumenta la absorción de agua en la masa,
aumentando la tenacidad y disminuyendo ligeramente la
extensibilidad.
Los preparados enzimáticos de pentosanasas se añaden con el
propósito de frenar el envejecimiento rápido del pan. Se ha
podido observar que retardan la velocidad de retrogradación del
almidón. Al mismo tiempo, dichas enzimas retienen agua durante
la cocción y posteriormente este agua puede ser suministrada
gradualmente al almidón, lo que permite mantener más tiempo el
pan tierno.
La presencia de pentosanasas hace que se acelere la formación
de la miga, consiguiendo una pronta firmeza de su estructura,
pudiéndose de este modo reducir el período de precocción.
• Glucosa-oxidasa. Esta enzima en presencia de agua y
oxígeno cataliza la oxidación de la glucosa a ácido glucónico y
peróxido de hidrógeno. Esta transformación favorece la oxidación
de las proteínas, aumentando la tenacidad del gluten, y
reduciendo su extensibilidad. Su efecto es como el del ácido
ascórbico, es decir la oxidación de las proteínas, pero su
acción es inmediata desde el inicio del amasado no así la del
ácido ascórbico que sólo actúa al final del amasado y en el
transcurso de la prefermentación y fermentación.
Los resultados óptimos de la glucosa-oxidasa se obtienen
cuado se mezcla con hemicelulosas y con ácido ascórbico en
dosificación moderada.
• Lipasa. Es otra enzima que se utiliza en panadería
en sustitución parcial de los emulsionantes, sobre todo en
aquellos mejorantes comerciales de pan de molde y bollería de
larga conservación. La explicación la podemos encontrar en la
reacción de las lipasas en las grasas de la harina o la
adicionada por el panadero, las cuales actúan sobre los lípidos
hidrolizándolo a monoglicérido. En la reacción de la masa y en
la calidad del pan es similar al comportamiento de los
emulgentes.
• Hemicelulosa. Es una enzima que no se utilizar ella
sola en los mejorantes de panificación sino que es un suplemento
en el complejo enzimático que se utiliza con diferentes enzimas.
Ésta actúa sobre la amilasa que se encuentra en la harina y
sobre todo cuando la harina es integral, provocando una sequedad
en la masa que hace que aumente la absorción de la misma.