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Asesoría Técnica en Panificación
Francisco Tejero |
Hilario
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LA MECANIZACIÓN Y LA CALIDAD DEL PAN / English
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Por Francisco Tejero
El alto grado de mecanización al que
ha llegado la panadería ha repercutido negativamente en la calidad del
pan. Si miramos hacia atrás y comparamos con el presente, tendremos las
respuestas a las preguntas que nuestros clientes y nosotros mismos nos
hacemos sobre la calidad de pan de antes y ahora.
Para la fabricación del pan común o barra de flama, la casi totalidad
de los panaderos españoles tienen un equipo completo de panificación que
consta de una amasadora rápida, divisora automática, boleadora, cámara
de reposo y formadora, lo que hace que un panadero aparentemente artesano
fabrique la barra de pan común en las mismas condiciones que la gran industria
panadera totalmente automatizada. Como consecuencia de todo ello se puede
decir que la calidad de dicha barra es prácticamente igual en toda España.
En la mayoría de los casos la industria grande, con procesos más sofisticados,
tiene menos problemas al regular la calidad del pan, debido a que se sigue
sistemáticamente una metodología de proceso en cuanto a calidad en las
materias primas, tiempos y temperaturas. Por el contrario, el pequeño
panadero al no mantener una metodología de elaboración, al variar constantemente
las dosis de levadura de unas masas a otras, al no controlar con exactitud
los tiempos, ni la temperatura y ni la humedad, ve variada la fuerza final
de la masa, lo que influirá enormemente en la calidad y en su regularidad.
Evidentemente no todo el pan que se elabora en España es la barra de pan
común, pero esta variedad representa el 86% del consumo.
El método que se emplea para su elaboración es el mixto, esto quiere decir
que se añade levadura prensada y masa madre y nunca se deja reposar la
masa antes de la división, sino que por el contrario es la bola de masa
una vez dividida cuando se la deja reposar. Esta breve descripción del
proceso acarrea un acondicionamiento de la masa, que obliga a aumentar
las dosis de levadura y el uso de mejorantes.
La materias primas
La harina. En general para la elaboración del pan común el panadero
exige una harina floja y bastante extensible, en términos generales podemos
decir que entre el 100 y 130 de W y el equilibrio (P/L) de entre 0,3 y
0,5. La exigencia de este tipo de harina no es porque sea la ideal para
la elaboración del pan común, sino porque el proceso mixto de panificación,
anteriormente definido, provoca una elevación de la fuerza y del equilibrio
de la masa que obliga a emplear harina floja y extensible para que de
esta forma la fuerza y la tenacidad no sobrepase los términos aceptables
para su mecanización.
La levadura prensada. Por lo general la cantidad de levadura prensada
que se emplea es entre 25 y 55 g por kilo de harina, lo que provoca un
aumento en la fuerza de la masa. A medida que se incrementa su dosificación
se obliga a reducir la fuerza de la harina, el tiempo de reposo, la temperatura
de la masa, así como la fermentación final.
En este punto nos encontramos con una panificación industrial aunque el
panadero aparentemente sea un artesano.
El uso de mejorantes. De una forma generalizada, el panadero emplea
un mejorante completo compuesto principalmente por diacetil tartárico,
ácido ascórbico y enzimas alfa-amilasas en una dosis de este compuesto
de 4 a 6 g por kilo de harina.
La falta de reposo a la que es sometida la masa para facilitar el formado,
se verá recompensada durante la fermentación y durante los primeros minutos
de la cocción con el uso de estos mejorantes. Por todo ello son imprescindibles
los mejorantes, ya que para poder prescindir de ellos habría que reposar
la masa antes y después de la división, se tendría que disminuir la dosis
de levadura y aumentar los tiempos de reposo y de fermentación, por lo
que estaríamos hablando entonces de un proceso artesano distinto a la
forma generalizada en que se elabora el pan común actualmente.
Temperatura de la masa
Siempre se ha dicho que la temperatura ideal de la masa es aquella que
se acerca lo más posible a los 25º C, pero ésta teoría queda invalidada
y no es aplicable en el proceso de elaboración del pan común, sobre todo
cuando la dosis de levadura es alta o el tamaño de las masas excesivamente
grandes. Para reducir las gasificaciones prematuras, que provocan las
dosis altas de levadura y las masas que tardan mucho en ser divididas,
estamos obligados a reducir la temperatura de la masa provocando un pan
más compacto y de menor alveolado.
El amasado. Los sistemas más empleados son el de brazos y el de
espiral, pero en cualquiera de los dos casos la masa es sometida a un
superamasado con el fin de aumentar la extensibilidad, lo que provoca
una oxidación excesiva que se traduce en una miga exageradamente blanca
y la carencia absoluta de aromas y de sabores en el pan.
La división. La prensadora volumétrica es la máquina que se emplea
para la división de la masa y el éxito radica en dividir lo antes posible
para evitar la gasificación de las masas en la tolva de la divisora. Si
la permanencia de la masa en dicha tolva es elevada, cosa que ocurre cuando
el tamaño de la masa a dividir es grande, cuando la dosis de levadura
prensada es alta y también cuando la temperatura de la masa es elevada,
todo ello repercute en el aumento de la tenacidad y negativamente en el
formado. Nos encontramos pues en otra etapa crítica del proceso de fabricación,
mientras que con el pan elaborado artesanalmente la masa reposa algunos
minutos antes de la división, lo cual dota a la masa de ácidos orgánicos
que repercuten en la calidad del pan; en el proceso industrial y cuando
se emplea la división volumétrica, la carencia de dichos ácidos orgánicos
propicia la diferencia más notable entre el pan industrial y el artesano.
Poco reposo. Una vez dividida y boleada el trozo de masa ha de
tener una pequeña gasificación y al mismo tiempo una relajación suficiente
para llevar al buen termino el formado. Esta gasificación y relajación
se producirá antes o después dependiendo de la cantidad de levadura; al
ser en general alta, obliga a reducir el reposo, situándose por término
medio entre 10 y 15 minutos.
Hay que recordar que el tiempo de reposo debe variarse en función a la
cantidad de levadura, así cuando la dosis es baja hay que aumentarlo y,
por el contrario, a medida que se aumenta habrá que reducirlo. Este razonamiento
nos explica las variaciones de calidad en el pan de unas masas a otras,
a medida que se va variando la dosis de levadura prensada.
El formado. El formado del pan común es una barra de entre 45 y
50 cm de longitud y de entre 210 y 250 g de peso una vez cocida. El formado
se realiza siempre a máquina, consistiendo en hacer primero una torta
y después enrollándola y estirándola. Para que las condiciones del formado
se realicen sin desgarros ni estiramientos la masa ha de ser floja y extensible;
esto obliga a reducir la fuerza de la masa y el tiempo de reposo.
Abusos
La elaboración del pan común se hace de una forma muy rápida y no cabe
duda que a mayor temperatura y humedad el tiempo se reduce. En general
la consistencia de la masa es dura y cuando las masas son consistentes
y se abusa en las temperaturas y la humedad durante la fermentación se
producen ampollas y desprendimientos de la corteza. Estos son los defectos
más corrientes que se originan en el pan común.
Reducción del tamaño
Cada día se elaboran más pequeñas las piezas y esto ha repercutido en
la reducción del consumo y en la calidad. Mientras que antes el peso de
la barra era de más de 500 g, en la actualidad el peso ha quedado reducido
a menos de la mitad, pero se ha mantenido la misma longitud en la barra.
Al ser más pequeñas en peso y con la misma longitud, la repercusión en
el formado ha ocasionado mayores desgarros y estiramientos. Con estas
condiciones el panadero se ha visto obligado a variar el proceso, e inconscientemente
la calidad del pan.
Los hornos rotativos
El sistema de cocción por convención ha modificado el diagrama de elaboración.
Los hornos rotativos han dotado al panadero de mayor capacidad de producción,
lo que ha propiciado en muchos casos la reducción de los tiempos de reposo
y de fermentación. Con ello se ha conseguido mayor rentabilidad, pero
no se ha tenido en cuenta la calidad del pan.
¡Ojalá todavía estemos a tiempo de rectificar para recobrar el aroma y
el sabor del pan tradicional!
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