Por Francisco Tejero
Las técnicas del frío no sólo han permitido
optimizar los procesos panarios, también
se han introducido perfectamente en otros
productos como los de la bollería. En este
artículo se explica un proceso automatizado
y semiautomatizado de bollería fermentada
hojaldrada, con los aspectos a tener en
cuenta en las materias primas que se utilizan
y en el mismo proceso de elaboración. Todas
estas circunstancias son de vital importancia
para conseguir unos productos de calidad
y con plenas garantías en el consumo final.
En este artículo vamos a tratar la elaboración,
manipulación y consejos prácticos de las
masas congeladas de bollería hojaldrada
con levadura (masa de croissant y un gran
surtido de bollería rellena como es la bollería
danesa –a diferencia del hojaldre normal,
ésta es una masa con levadura enriquecida
con azúcar y huevos–), que después de tres
pliegues sencillos o uno doble y uno sencillo,
y una vez elaborada la pieza, puede congelarse
en dos modalidades: fermentada o sin fermentar.
Para la elaboración de este tipo de masas
es indispensable utilizar harinas de fuerza,
aunque normalmente en el proceso donde no
hay congelación se utiliza harina de media
fuerza. La interacción de los ingredientes
(grasa, azúcar, huevos), el aumento considerable
de la proporción de levadura prensada, así
como el alto contenido de proteínas de la
harina, influirán en la fuerza y en el equilibrio
de la masa, lo cual dificultará la etapa
más crítica del proceso de fabricación “el
laminado”.
El desarrollo de estas masas se realiza
en primer lugar por la levadura y en segundo
por el hojaldrado. Durante el horneado el
agua contenida en las capas de masa, cuya
expansión se ve limitada por las capas de
materia grasa, hace que la presión resultante
impulse una tras otra las distintas capas,
hasta que éstas quedan fijadas por la gelificación
del almidón y la coagulación del gluten.
El propio impulso de la fermentación y
de la levadura, y el que proporciona el
hojaldrado, así como la interacción de la
grasa del laminado, en cuya composición
intervienen emulsionantes que también proporcionan
impulso del producto en el horno, hace que
el control del impulso se deba regular para
evitar algunos problemas que más adelante
comentaremos.
Las materias primas
• La harina. Como norma general,
la harina que se utiliza para realizar este
tipo de elaboraciones cuando no van a ser
congeladas es de media fuerza; que se logra
mezclando al 50% una harina floja panadera
con una de fuerza. Sin embargo, cuando van
a ser sometidas a congelación requiere una
harina que sea de gran fuerza, incluso en
algunas ocasiones hay que añadir un 2% de
gluten si la harina no tiene suficiente
fuerza.
En el caso de congelar el producto,la harina
recomendada debe tener los siguientes parámetros:
W = 300
P/L = 0,6/0,7
Proteína: >13,5%
Nº Caída: 300/350 segundos.
• La materia grasa. La grasa que
normalmente se utiliza para este tipo de
masas es margarina hidrogenada o mantequilla.
Cuando se utilice margarina hay que observar
que sea flexible, fácil de laminar y con
buena plasticidad. La temperatura ideal
para su utilización es de 18º C. Si la grasa
está muy fría será más dura y al laminar
para dar las vueltas la masa se romperá
o se acumulará más grasa por un lado del
plastón que por otro.
El punto ideal de fusión de esta margarina
es de entre 40 y 42º C.
En cuanto a la cantidad de grasa sobre
la masa, ésta puede oscilar entre el 25
y el 35%.
Cuando se utilice mantequilla es indispensable
reposar las masas en el frío para que la
mantequilla se endurezca de nuevo, antes
de cada vuelta.
• Mejorantes. Los mejorantes completos
para la bollería congelada deben estar compuestos
de los siguientes principios activos:
– Ácido ascórbico: en una cantidad de entre
10 y 15 g/100 kg de harina.
– DATA E-472e): en una dosis de 2 g/kg
de harina.
– Monoglicérido destilado (E-471): en una
dosis de 4 g/kg de harina.
– Un complejo enzimático compuesto por
enzimas alfa-amilasas (a-amilasas) fúngicas
de actividad intermedia, amiloglucosidasas
y hemicelulasa.
En el caso de la bollería fermentada, antes
de la congelación y para evitar el arrugamiento,
es necesaria la incorporación de 5 g/kg
de harina de almidón pregelatinado y 1 g/kg
de harina de goma xantana.
• Levadura. Nos estamos refiriendo
en todo momento a masas hojaldradas que
llevan levadura. Pero, hay que volver a
recordar que las masas hojaldradas pueden
congelarse una vez formadas (después se
descongelan y sin fermentación previa se
hornean), o una vez que han fermentado (la
masa una vez descongelada debe fermentar
y después se cuece).
Una vez hecha esta aclaración podemos decir
que la dosis de levadura, dependiendo del
sistema que se utilice, va a variar considerablemente.
En el primer caso, cuando la masa se congela
sin fermentar, la dosis de levadura es alta;
es decir, de 50 a 80 g/kg de harina. Sin
embargo, cuando se realiza la fermentación
antes de congelar, la dosis debe ser baja,
máximo 30 g/kg de harina; lo que implica
que el tiempo de fermentación ha de ser
muy lento, esto evitará, junto con otros
factores que iremos comentando, que el bollo
se arrugue durante la congelación.
El principal papel de las levaduras es
la producción de CO2 para conseguir el esponjamiento
de la masa. El poder fermentativo de la
levadura depende de la célula, el número
de células activas, el contenido de proteínas
y, por supuesto, la cantidad de sustratos
o azúcares que hay en la masa.
En la composición de la receta (ver Tabla
1), el contenido de azúcar sacarosa es alto,
lo que implica que al aumentar la presión
osmótica la fermentación se desarrolle más
lenta o que haya que incorporar más cantidad.
La congelación daña la célula de la levadura
y hace que aumente el número de células
muertas. Además, de la disminución del poder
fermentativo que lleva consigo, cuando existen
células muertas, perjudica la calidad de
las masas congeladas ya que liberan agentes
reductores que debilitan la cadena de gluten
de la masa, dando como resultado una considerable
pérdida de fuerza en la masa durante la
fermentación.
Las masas a temperatura de 15 a 20º C durante
toda la fase de formado dan como resultado
una mejor actividad de la levadura una vez
descongeladas.
En la actualidad existen levaduras para
masas azucaradas osmorresistentes, muy utilizadas
en masas con alto contenido en azúcar y
que dan muy buenos resultados en las masas
congeladas.
El proceso de elaboración
• El amasado. El tiempo de amasado
variará en función del tipo y de la velocidad
de la amasadora, por ejemplo, en una amasadora
de brazos el tiempo ha de ser superior al
empleado en una amasadora de espiral.También
se consigue obtener una masa con mayor fuerza
en una amasadora de brazos, de tal forma
que cuando se amasa en un sistema espiral,
para dar más fuerza a la masa, hay que reposar
más tiempo entre vuelta y vuelta, de esta
forma la masa se irá equilibrando en fuerza.
En cualquiera de los distintos tipos de
amasado que se utilice y, teniendo en cuenta
que en la bollería congelada el tipo de
harina que se utiliza es de fuerza, el tiempo
de amasado ha de ser menor al óptimo; es
decir, ligeramente corto de amasado. Si
el amasado es intensivo, el volumen del
producto puede ser exagerado con riesgo
de derrumbamiento en la etapa del horneado.
No obstante, es conveniente conocer este
detalle para que cuando se desee más volumen,
se aplique un amasado más intenso.
Como ya hemos indicado, la temperatura
de la masa una vez finalizado el amasado
debe encontrarse entre 15/20º C, en este
rango de temperatura la masa adquiere mayor
extensibilidad y además facilitará el laminado
y, por otra parte, rentilizará la gasificación
de la masa en los reposos entre las sucesivas
vueltas en el hojaldre.
• El laminado. La reología es la
ciencia que estudia la deformación de la
materia. Dentro del mundo de la panificación
podemos decir que la fuerza, la tenacidad
y la extensibilidad son parámetros que observamos
en la masa cada vez que se le aplica alguna
energía, como por ejemplo con la laminadora,
los rodillos, las formadoras, etc.
La fuerza en las masas de bollería aumenta
gradualmente por un lado, por la propia
gasificación de la levadura y por la reducción
de la masa a una lámina fina y, por otro,
por la propia proteína de la harina. Esta
acumulación de fuerza ha de ser contrarrestada
con períodos de descanso para permitir la
relajación de esta energía, para que al
volver a laminar de nuevo, cortar la pieza
o darle forma, éstas mantengan su formato
y uniformidad.
Los tiempos de reposo entre vuelta y vuelta
van a estar condicionados por varios factores:
– El contenido en grasa. Las masas con
un menor contenido en grasa, tanto la incorporada
en el amasado como en la fase del laminado,
tienen un comportamiento diferente a las
que contienen más grasa.Hay que aplicar
más energía para estirarlas y aumentar más
el período de reposo antes de volver nuevamente
a laminarla. En cuanto a la pegajosidad
de la masa, cuando contiene menos grasa
tiene menos lubricación y por lo tanto es
más pegajosa.
– Las diferencias de temperatura. Entre
15/20º C la masa se comporta mejor en el
laminado, siendo más tensa a medida que
aumenta la temperatura. En los procesos
de laminado semiautomáticos es conveniente
que los reposos se realicen en cámara frigorífica
con el fin de evitar gasificaciones que
puedan alterar la fuerza. En los procesos
de laminado en continuo es imprescindible
que el recinto esté acondicionado a 18º
C para que la masa no modifique su temperatura.
– La dosis de levadura. Desde que se incorpora
la levadura y durante el tiempo en que transcurren
el laminado, el reposo y el formado y, dependiendo
de la dosis de levadura, la masa irá gasificando,
lo que proporcionará un aumento de la fuerza
y de la tenacidad, para recompensarlo la
masa ha de estar fría.
El contenido de proteínas en la harina
y el equilibrio que tengan también se deben
tener en cuenta en lo que respecta al tiempo
de reposo. En harina flojas extensibles
se puede reducir el tiempo de reposo y cuando
más fuertes y tenaces sean las harinas el
período de reposo entre vuelta y vuelta
deberá ser superior.
Cuando se quiere conseguir aún más relajamiento
en la masa, se puede lograr con un amasado
en dos fases: siendo la primera la denomina
autolisis y que consiste en amasar la totalidad
de la harina con el agua, sin incorporar
de momento ningún otro ingrediente. Después
de amasar durante un tercio del tiempo total,
se para la amasadora durante diez o quince
minutos, reanudando nuevamente el amasado
pero ya con el resto de los ingredientes
de la receta. Este procedimiento es ideal
cuando la harina contiene mucha proteína
y es muy tenaz.
Existen varios sistemas de laminado, siendo
el más tradicional el de elaborar pastones
de un peso determinado y con la ayuda de
un rodillo introducir la grasa manualmente.A
continuación, y con la ayuda de la laminadora,
se dan las vueltas y se estira para cortar
o formar las piezas. Este proceso no acarrea
grandes problemas ya que dando más o menos
reposo al pastón antes de dar una nueva
vuelta se controla el equilibrio de la masa.
Los productos fermentados y hojaldrados
con levadura son difíciles de acondicionar
y laminar cuando se realiza el laminado
en continuo. La tensión que provoca un laminado
incorrecto conlleva la liberación de agua
ligado a la masa, lo que provocará que durante
la congelación este agua liberada forme
un número elevado de cristales que romperán
la estructura del gluten. El primer paso,
en la automatización del laminado, consiste
en reducir el espesor de la masa. Existen
varias formas de realizarlo, la más tradicional
es la extrusión a baja presión. Si la presión
aumenta también lo hará la fuerza y la tenacidad
de la masa y en las etapas sucesivas la
masa puede desgarrarse y liberar la grasa.
Otro sistema es el de alimentación de la
línea de lámina por caída libre, ajustando
el flujo de gravedad de la masa al de la
producción de la línea; lo que permite reducir
el laminado sin removimientos que producen
tensiones.
Un sistema más novedoso es la aplicación
a un amasado en continuo, que permite ir
depositando sobre las cintas de acondicionamiento
masa sin tensión y sin gasificaciones prematuras
y, por medio de rodillos múltiples o plegadoras,
que realizan las vueltas en las cintas transportadoras
en las que la masa reposa, reducir el espesor.
La longitud de la línea así como la velocidad
de la cinta están estudiadas de tal forma
que la masa se va acondicionando, es decir,
reposando; a medida que avanza es laminada
y sometida a una nueva reducción.
Este tipo de línea, en su cabecera, lleva
incorporada a la parte superior de la pieza
de masa inicial una extrusora de grasa,
que sobrepone la margarina para más tarde
depositar otra lámina de masa y hacer un
sandwich de masa-grasa. Una serie de pasos
de doblado y ondulado multiplican las capas.
Del sistema de laminado convencional, que
consiste en dos rodillos en paralelo, se
ha cambiado al sistema de rodillos múltiples,
el cual permite ahorrar espacio y tiempo
en la línea. Este rodillo múltiple consiste
en seis o más rodillos de diámetro pequeño
que dan vueltas individualmente, retrocediendo
hacia el flujo de la masa.
• El formado. El formado final de
la masa será más o menos sencillo dependiendo
de cómo se hayan realizado las etapas anteriores.
En el caso del croissant que se forma mecánicamente,
el número de vueltas en el enrollado así
como el apretado del mismo dependerán de
la fuerza que se quiera imprimir. De tal
forma que si la etapa anterior de laminado
se ha efectuado sin ningún problema, es
posible enrollar y apretar bien el croissant.
Si por el contrario, de la etapa anterior
la masa ha llegado con exceso de fuerza,
habrá que suavizar las condiciones del formado.
• La fermentación. En el caso particular
de la bollería fermentada que posteriormente
se va a congelar, ya hemos indicado los
cambios que hay que efectuar en la receta
en cuanto a la dosificación de levadura
y la incorporación de goma xantana y almidón
pregelatinado, para conseguir más firmeza
y evitar el arrugamiento.
La fermentación ha de ser lenta con temperaturas
próximas a los 26º C, lo que permitirá mayor
tolerancia en la fermentación. En el caso
de que se pase de punto de fermentación,
a medida que se congela el producto se arruga.
• La ultracongelación. El frío mecánico
no está recomendado para la bollería fermentada,
siendo lo ideal la congelación criógena
de nitrógeno a –50º C durante quince minutos.
En la bollería no fermentada la congelación
mecánica es la ideal.Al ser piezas inferiores
a 100 g, programando el túnel de ultracongelación
a –3º/35º C, el interior de la pieza alcanzará
los –15º C en aproximadamente 25 minutos
a una velocidad de congelación de 1,5º C/minuto.
• Descongelación. El proceso de
descongelación se realiza una vez se ha
congelado el producto, se ha envasado debidamente
y se ha conservado a –18º C, sin que en
ningún momento se haya interrumpido la cadena
de frío. Cada vez que se utilice una caja,
por ejemplo, de croissant, y ésta no se
gaste por completo, la operación de sacar
unas cuantas piezas ha de hacerse lo más
rápido posible para volver a cerrar de nuevo
la bolsa e introducirla en el congelador.
Los cambios bruscos de temperatura condensan
las piezas humedeciéndose y posteriormente
pegándose unas a otras al volver nuevamente
a congelar; además, se producen modificaciones
en el tamaño de los cristales que afectan
a la levadura.
La descongelación ideal es aquella que
se conoce el mundo de la panadería como
fermentación controlada, y que consiste
en mantener la masa entre 1/3º C durante
un tiempo que permita la descongelación
lentamente, a continuación iniciar una rampa
de subida térmica lo más lenta posible para
que la masa no se humedezca demasiado, para
terminar la fermentación sin superar los
30º C. Por ello, el profesional escogerá
el método que más se acerque a este sistema,
siendo posible también la descongelación
en una cámara frigorífica tradicional.
Otro método consiste en descongelar a temperatura
ambiente. Pero, lo que nunca debe hacerse
es pasar directamente del congelador a la
cámara de fermentación, ya que esto provocaría
una humidificación elevada e irregularidad
de fermentación de la parte externa con
respecto a la interna.
El éxito dependerá del sentido común y
de la profesionalidad para llevar a cabo
las condiciones de temperatura y humedad
que permitan obtener productos de calidad.
• El horneado. Antes de la cocción
estos productos normalmente se pintan con
huevo, teniendo en cuenta que si se pintan
únicamente con yema saldrán más dorados
e incluso con aspecto tostado y, si se pintan
con huevo entero tendrán un color intermedio
a si se pintan con huevo rebajado con agua
o leche.
El tiempo y la temperatura de cocción dependerán
del tamaño y de la superficie del bollo;
los bollos con más grasa tardan más tiempo
en cocerse que los que contienen menos materia
grasa.
La mayoría de estos productos se cuecen
en hornos pequeños de aire; al tener estos
hornos una elevada corriente de aire, hacen
que los productos tomen color rápidamente.
Hay que tener en cuenta que en este tipo
de hornos hay que cocer a una temperatura
más baja (170º C).